Oda a las penumbras discursivas de Disney

Una mirada deconstructiva al filme animado Pocahontas.

Por Miguel Alejandro Jerez Oliva

   En la filmografía animada de Disney se detecta una evolución paulatina con respecto a las primeras y más clásicas creaciones cinematográficas. Cenicienta es uno de los filmes cuya trama responde a los presupuestos temáticos sostenidos hasta la década del 70′. La industria cinematográfica de las primeras décadas del siglo XX ponderó un discurso en el que la mujer ocupaba un lugar secundario con respecto al hombre. Alrededor de la década de los 90′, Disney realiza un giro en la orientación de sus historias para dar espacio de representación a algunos “otros” culturales (negros, aborigenes, asiáticos) que hasta el momento habían sido soslayados y tenidos en condición de periferia.

La industria cinematográfica constituye hoy una de las grandes empresas recaudadoras de dinero, ya que antes de lanzar un producto realizan un minucioso estudio de mercado que propiciará la efectividad de su venta. Disney tiene su público bien definido: los niños. A través de las películas que realiza, los niños son “debidamente” adoctrinados mediante discursos que pretenden ser legitimados por aquellos en quienes reside el poder político y social. La raíz de estos discursos se encuentra casi siempre en un pasado colonial ya que la mencionada inclusión de esos “otros culturales” está camuflada.

Pocahontas (1995) es una de las películas que se insertan en esta nueva dinámica de la que se vale Disney. En ella se advierten cambios que manifiestan una postura inclusiva de aspectos sociales como la raza y lo colonial, así como de entes culturalmente marginados como la mujer y sujetos que están fuera del canon como los habitantes originarios. El filme, en calidad de producto de mercado, traza una historia aparentemente ingenua sobre el amor entre el civilizado John Smith y Pocahontas.

Fotograma de Pocahontas (Walt Disney Productions, Goldberg E; Gabriel M; 1995)

Para comprender lo dicho anteriormente es fundamental hacer una revisión a las características de cada uno de los personajes que toman partido en el filme. El personaje principal, cuyo nombre da título al filme, se presenta como una joven princesa nativa que ha nacido y crecido libre y para la cual la naturaleza es cómplice de sus sentimientos. Esta decide tener una relación con el capitán Smith, hombre en cuya personalidad se resumen todas las características del sujeto hegemónico perteneciente a la cultura europea.  A pesar de ser Pocahontas un espíritu libre (símbolo de transgresión), se siente perdida y busca su camino (un lugar en el mundo que le dé sentido a su vida). Para alcanzar su meta, pone sus miras y sus esperanzas en un hombre, que en este caso no es un príncipe, sino un capitán de barco. La imposibilidad del idilio entre ambos será el centro de la película.

El personaje de Pocahontas está doblemente condicionado; en primer lugar, por el hecho de ser mujer, y en segundo, por ser nativa, rasgo que se representa en la película como salvaje e incivilizada a través de la visión de los europeos. El personaje protagónico se encuentra en una compleja disyuntiva por los constructos culturales bajo los que ha crecido. La supuesta “superioridad” de la cultura europea sobre la originaria ha propiciado actitudes de rechazo hacia el extranjero, visto como un horrendo depredador que viene a destruir las tradiciones.

La actitud asumida por el padre de Pocahontas sugiere lo que se debe interpretar de dicha escena: los nativos son unos salvajes que no entienden de acuerdos. El filme muestra una visión conservadurista de estos sujetos culturales con su contexto, una visión exótica de lo incivilizado y lo no culto. Uno de los mensajes que nos llegan es cómo aún en culturas originarias también es estigmatizada la vida a través de modelos eurocéntricos que inconscientemente han copiado (matrimonio con requisitos y predestinación conyugal). Esto se manifiesta en las características del personaje que estaba destinado a ser el esposo de Pocahontas.

Fotograma de Pocahontas (Walt Disney Productions, Goldberg E; Gabriel M; 1995)

Los clichés marcados por la cultura hegemónica siempre trascienden a la que es vista como más débil. En la película se manifiestan estigmas sociales dispuestos con el paso de los años como la sumisión de la mujer al hombre, ya sea que pertenezca a la condición de padre o de marido. Esto se manifiesta en la actitud asumida por la protagonista, quien, a pesar de la rebeldía que la caracteriza, se doblega ante lo que culturalmente ha sido establecido.

Sin embargo, su relación con John Smith se da debido a que este salvó de un posible asesinato al Gobernador Ratcliffe como símbolo respeto, lo que fisuró los discursos de centro-periferia y civilizado-incivilizado, que se desplazan por la trama del filme. A pesar del mensaje decolonial de afiliación y aceptación de ambas culturas no se plantea en realidad cómo fue el proceso de colonización de América y lo que trajo consigo para la estructuración cultural e identitaria del sujeto americano.

En el capitalismo eurocentrado, es sobre la base de la “naturalización” de la colonialidad de poder que la cultura universal fue impregnada de mitología y de mistificación en la elaboración de fenómenos de la realidad. La lealtad “racial” de los “blancos” frente a las otras “razas,” ha servido como la piedra angular de la lealtad, incluso “nacional,” de los explotados y dominados “blancos” respecto de sus explotadores en todo el mundo y en primer término en el “eurocentro”. (Quijano)

El animado se encarga de romper con estereotipos de los prejuicios y discriminación entre culturas por el motivo de la raza. El personaje del capitán John Smith se presenta como el sujeto moderno por excelencia, hombre ilustrado que se replantea sus actitudes ante los nativos. Esta resulta una propuesta muy inteligente de Disney ya que implica una concientización de la inevitabilidad que supone la mezcla de razas. Para Disney esto es una espada de doble filo, ya que el canon de representación de la mujer y también las historias estaban siendo repetitivas hasta finales del siglo pasado, lo cual conllevó necesariamente a una diversificación de los temas para poder seguir vendiendo ¿Qué podría ser más taquillero que la aparición en pantalla del nativo americano como arquetipo de lo exótico?

Fotograma de Pocahonta (Walt Disney Productions, Goldberg E; Gabriel M; 1995)

Usualmente, cuando aparece este tipo de imaginario siempre se plantea al colonizador que saquea, viola e impone el modelo moderno. Desde un inicio se plantea la personalidad arrogante del europeo debido al pensamiento de que los nativos son unos salvajes que ameritan ser civilizados. He aquí el camuflaje al cual me refería al inicio: la visión eurocéntrica es matizada y medianamente escondida por la historia de amor, por el conflicto y por la propia inclusión de estos “otros culturales”. Por debajo de todo eso subyace un discurso colonial que sitúa al “otro” en una postura de dependencia, incivilización y salvajismo.

Las polémicas concernientes a la identidad, la raza y el género son parte de lo que las sociedades poderosas han construido a través de los años como parte de su discurso legitimador. En Pocahontas no hay excepción para esto, solo que es matizado por lo ficticio de un amor imposible en el que en ningún momento hay cuestionamientos acerca de por qué es imposible.

En los encuentros que comparten los protagonistas, ambos tratan de explicarse las particularidades y ventajas de su cultura a pesar de las reticencias de ambos de aceptar la de su interlocutor; de ahí el etnocentrismo. Por otro lado, John Smith menciona una frase muy representativa de la idea que tienen los norteamericanos de la cultura originaria: “Hemos mejorado la vida de muchos salvajes en el mundo”. Ejemplifica claramente ese afán de superioridad que caracteriza a los estadounidenses y puntualiza su supuesta “bondad” al afirmar rotundamente que han mejorado la vida de muchos salvajes, sin tan siquiera darse cuenta del desprecio con el que los menciona.

Fotograma de Pocahontas (Walt Disney Productions, Goldberg E; Gabriel M; 1995)

Más allá de la estructura visual y la presentación del relato, se desarrollan varios análisis de estudios del siglo XX. Están anclados a los estudios poscoloniales y la crítica decolonial. Según Nelly Richard:

la nueva hegemonía de la industria cultural norteamericana permite que los estudios culturales y las teorías poscoloniales sean globalizados y presentados como la nueva vanguardia teórica sobre «lo latinoamericano», pero lo que en realidad se escenifica es la dominación económica, política y militar de los Estados Unidos en el marco del Nuevo Orden Mundial. (2005)

Pocahontas es una reelaboración hollywoodiense de la historia que limpia al colonialismo de su legado genocida. No se hace ninguna mención de que los hombres de John Smith acabaron arruinando esta nueva tierra, llevando enfermedades, muerte y pobreza a ella, y que finalmente acabaron destrozando su religión, economía y formas de vida.

Es alarmante cómo un producto animado puede poseer tanto contenido alusivo al poder colonial, la explotación económica relacionada con este y el desarraigo que supone. Desde la perspectiva que focaliza el eje saber-poder (conocimiento que apuntaba estructuras políticas y sociales de dominación). Aún se visualizan dilaciones con respecto al discurso que se propone, desde una visualidad cultural, ya que para resolver la problemática del filme, lo anclan a una historia de amor construida desde el exotismo de Pocahontas con la representación de una joven atractiva, voluptuosa, seductora, madura, con rasgos orientales alejados del ideal nativo americano. Todo ello con el objetivo de evadir la realidad de esta historia verdadera en busca del sensionalismo y nos demuestra que todavía seguimos aferrados a los discursos coloniales.  

¿Cómo entender que Pocahontas, siendo la representación de una nativa norteamericana, haya sido dibujada bajo el patrón fisonómico de la modelo inglesa, Naomi Campbell? La intención está orientada a renegar la estética física de las nativas, situándolas en el canal de la otredad cultural a partir de tomar como referencia a una empresaria y supermodelo prominente tanto en la pasarela como en publicidad desde finales de los años 1980. En Pocahontas se valida una vez más el discurso eurocentrista vinculado directamente a la mirada global hacia el primer mundo como sello identitario de las marcas del pensamiento colonial, como el verdadero canon de belleza y progreso es el europeo.

Fotograma de Pocahontas (Walt Disney Productions, Goldberg E; Gabriel M; 1995) y Foto Naomi Campbell, tomada de Internet. Créditos al autor

La visualidad geográfica de la película se centra en la presentación de la inmensa vegetación con un clima estupendo, la diversidad de la flora y fauna, su sistema arquitectónico, así como las técnicas de cultivo. La configuración de esta imagen está estrechamente vinculada con lo que planteaban los artistas viajeros que se quedaron atrapados con este entorno paradisiaco: Está es la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto. Se observa siempre la presencia del discurso de lo exótico ante los ojos europeos. Un ambiente sublime y natural que hay que modernizar a toda costa en el cual se proclama nuevamente el discurso colonialista.

A través del discurso de los sentimientos afectivos (el amor) suprimen en cierta medida los avatares sociales de centro-periferia.  Esto lo alcanzaron sobreponiéndose a sus construcciones culturales aceptando y entendiendo las diferencias del otro, aunque ya sabemos que esto no es más que un pretexto.

La Factoría Disney tiene, como transmisora de valores en la cultura infantil, un peso prominente en la composición fílmica basada en los cuentos populares clásicos. Disney ha sabido tergiversar los textos originales para conferirles a las historias su huella de identidad personal (como en el caso de Pocahontas), como apoyo para mantener activa la conservación de los estereotipos sexistas, que lejos de crear una cultura popular igualitaria y libre, han perpetuado los roles de género que desde siempre han relegado a la mujer a una posición secundaria y sumisa. Por otra parte, bajo un manto de superficialidades se esconden gérmenes del proceso de colonización y sus efectos –aún vigentes- en los discursos hegemónicos de las culturas “centro”.

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